miércoles, 2 de septiembre de 2009

¿Miedo a las alturas?

A pocas horas de celebrar otro aniversario de mi nacimiento, y no faltan las reflexiones y recuerdos de 28 años de vida, bueno, aunque uno recuerda como de los cuatro años en adelante, asi que reste!!
Pero ese no es el punto, el asunto es que en una era en que todo evoluciona aceleradamente y gente más jóven lo sobrepasa a uno, se comienza a sentir "el peso de los años" por así decirlo. Puede ser una tara mental por el momento, pero en situaciones como esta debo remitirme a otras personas aún mayores que yo y que han vivido mucho más, que saben que esto apenas comienza. Por eso, saco de mi arca de tesoros un texto escrito por mi adorado Abuelo Guillermo Dávila, periodista y mago (de los buenos), él al cumplir 80 años escribió este maravilloso texto que también sirvió para recordar a mi abuela Lydda (Q.E.P.D). En la vida no se puede tener siempre miedo a las alturas...

Mis Ochenta
Siempre le tuve miedo a las alturas!!

Tal vez fue por aquella vez en que sentado, al borde del precipicio, pensé en lanzarme para curar el mal amor que me dejó la hermosa hembra en quien había posado mis ojos y le había dado, sin que ello lo sabiera, todo mi corazón. Yo estaba en mis 7 años y ella sus 17.
Pero no me lancé. Le tuve miedo a la sima y tuve miedo de matar el amor. Pensé que el amor se moriría conmigo y dejaría al mundo sin amor.

Siempre viví con el temor de estar en las alturas. Reptaba, cual servil hombre, para asomarme a los vacíos de la vida, de la gente, de mi mismo, de las cosas. Me veía cayendo en el abismo sin salvación alguna. Creía que abajo, entre la niebla estaba lo indeseable del mundo, semejante a una serpiente bíblica, esperando para devorarme.

Transcurrió la vida. A mi lado, siempre ha estado el amor. Hoy estoy en la altura de mis ochenta años. ¡ Estoy arriba! Muy arriba. Por encima de lo que llamamos bien y mal… Me veo, en estos ochenta años, sólo, en la cúspide, rodeado de abismos, pero abajo ya no hay monstruos sino personas que en sus miradas reflejan el amor, la compasión, la misericordia y no faltan aquellas que parece sentirse perdonadas y otras de quienes yo recibí el perdón.

Son ochenta años a los que llegué sin saber cómo. Hay una sola explicación: ¡la voluntad de Dios!

Me faltan unas horas para estos ochenta años y no existen los miedos, los temores aunque sí la pasión, el furioso sentir de que se tiene vida, ilusión y de que sí ha valido la pena pasar por este universo dando y recibiendo amor de hijos, hijas, nietos, bisnieta, hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas, amigos y amigas que también nos han mostrado toda la grandeza de Dios.

Lydda, quien fue mi esposa durante 58 años de estos 80 próximos a cumplir, ¡no le tenía miedo a las alturas! Se paraba en la orilla de los precipicios y miraba hacia abajo. Hoy me la imagino, arriba, allá en donde empieza la eternidad, mirándonos e instándonos a no ser ¡cobardes!, y a subir…

Ya no le tengo miedo a las alturas. ¡He visto que las fosas no suelen ser profundas! Y mis pasos, aunque lentos, hacia ella van serenos, tranquilos, rodeados de amor… ¡Claro!, si no me incineran.


Guillermo "el mago" Dávila
Junio 22 de 2009.
tambien conocido como mi abuelo

2 comentarios:

  1. Realmente me tocó este texto de tu abuelo. Gracias Caro por colocarlo en tu blog y permitir que sea leido. Es una bocanada de aire fresco para esta vida tan fugaz que llevamos.

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  2. De nada mi buen amigo David, de eso se trata este blog, para compartir tesoros.
    Un abrazote.

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